lunes, 24 de enero de 2011

Ludmil Angelov, la constancia unida al don.

Cuando era pequeño, y dentro de mí reinaba ese carácter infantil cargado de inocencia de serie,( del que aún queda un poco) siempre sentí debilidad por los regalos grandes, por el papel de regalo oscuro, por la caja que sobresalía frente a las otras, porque sin darme cuenta asociaba el tamaño a la ilusión.

No existe la ley ni la norma que mida quien se merece qué, o quien se merece cuánto, porque el valor es un indicador autónomo que sube y baja en nuestra cartera de valores diaria.

A medida que pasan los años, las caja grandes, fueron remplazadas por las pequeñas, y los pequeños detalles se impusieron en "la pirámide jerárquica" de nuestra fibra nerviosa; ahora el papel del envoltorio ya no se rompe, y la carta dedicatoria ya no pasa desapercibida.

Ahora me doy cuenta de que los verdaderos regalos no se envuelven, porque son situaciones espontáneas que nos invitan a reflexionar sobre la fortuna, la suerte, y la intensidad, de saber degustar esos instantes que sin darnos cuenta, nos prestan ilusión.

Hoy he tenido el despiste de escuchar a este paquete enorme desenvuelto al oído.

Ludmill Angelov.




1 comentario:

  1. Me encanta, me encanta la forma en que lo has descrito :)

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